Dra. Arabella Michelén
Vivimos en una época en la que la imagen tiene un gran protagonismo. Las redes sociales, las fotografías y la publicidad nos muestran constantemente sonrisas blancas, alineadas y aparentemente perfectas. Sin embargo, existe una realidad que muchas personas desconocen: una sonrisa bonita no siempre es una sonrisa saludable.
Con frecuencia, los odontólogos recibimos pacientes que aseguran sentirse bien porque no tienen dolor, no tienen caries visibles o consideran que sus dientes lucen bien. Sin embargo, durante la evaluación clínica descubrimos condiciones que requieren atención y que, de no tratarse a tiempo, podrían comprometer seriamente su salud oral y la general
La salud de la boca va mucho más allá de la apariencia estética. Una sonrisa puede verse hermosa y aun así padecer enfermedad periodontal, caries entre las piezas dentales, infecciones en las raíces, desgastes provocados por el bruxismo o alteraciones que solo pueden identificarse mediante estudios clínicos y de imágenes.
Uno de los mayores desafíos en odontología es que muchas enfermedades orales avanzan de manera silenciosa. A diferencia de otras condiciones que generan síntomas evidentes desde sus primeras etapas, problemas como la enfermedad periodontal pueden desarrollarse durante años sin causar dolor. Cuando finalmente aparecen molestias, sangrado o movilidad dental, el daño puede ser considerable.
El dolor no es el único indicador de enfermedad. La ausencia de molestias no siempre significa que todo está bien. De hecho, muchas de las situaciones más complejas que atendemos comenzaron siendo pequeños problemas que pasaron desapercibidos por falta de controles periódicos.
Es importante comprender que la salud oral tiene varias dimensiones, que va desde la función a la estética. Lo funcional, permite masticar, hablar y realizar adecuadamente las funciones de la boca; la estética, nos regala una hermosa sonrisa y armonía facial. Ambas deben estar cimentada en la salud biológica, que incluye el estado de los dientes, las encías, el hueso y los demás tejidos que forman la cavidad oral.
Cuando estas tres dimensiones se encuentran en equilibrio, podemos hablar de una sonrisa verdaderamente saludable y hermosa.
Hoy contamos con herramientas diagnósticas que permiten detectar problemas mucho antes de que se manifiesten clínicamente. Las radiografías digitales, los estudios tomográficos, escáner orales y las evaluaciones integrales ayudan a identificar alteraciones que no son visibles a simple vista. Gracias a ello, es posible intervenir de manera temprana, con tratamientos más sencillos, menos invasivos y generalmente más económicos.
La prevención continúa siendo la mejor inversión en salud oral. Una visita periódica al odontólogo no debe realizarse únicamente cuando aparece una emergencia. Los controles regulares permiten monitorear la salud de dientes y encías, reforzar hábitos de higiene y detectar oportunamente cualquier condición que requiera atención.
La próxima vez que se mire al espejo y admire su sonrisa, recuerde que la verdadera salud oral no se mide solamente por lo que se ve. Una sonrisa hermosa es importante, pero una sonrisa saludable es invaluable.
El objetivo principal no es lucir una bonita sonrisa, sino conservarla sana y funcional durante toda la vida.
“La mejor sonrisa no es solamente la que luce bien, sino la que está verdaderamente sana.”
https://hoy.com.do/opinion/higiene-oral-recien-nacidos_1090114.html
