Dra. Arabella Michelén
La llegada de un bebé transforma por completo la vida de una familia. Cada detalle relacionado con su cuidado comienza a tener un valor especial: la alimentación, el sueño, su salud oral. Aunque muchos padres piensan que la higiene bucal debe iniciarse cuando aparecen los primeros dientes, la realidad es que el cuidado de la cavidad oral comienza desde los primeros días de vida
Ya sea que el recién nacido se alimente exclusivamente con leche materna, fórmula o alimentación mixta, es importante mantener una higiene oral suave y constante. Tanto la leche materna como la fórmula dejan residuos naturales sobre las encías, lengua y mucosas, especialmente después de las tomas nocturnas. Estas medidas ayudan a crear un ambiente oral saludable desde la primera infancia.
La leche materna aporta enormes beneficios al desarrollo del bebé. Favorece el crecimiento de músculos y maxilares, ayuda a la respiración nasal y fortalece el vínculo emocional entre madre e hijo. Sin embargo, independientemente del tipo de alimentación, la higiene oral sigue siendo necesaria.
Durante las primeras semanas de vida, la limpieza más recomendada es la gasa húmeda. Esta puede utilizarse prácticamente desde el nacimiento. Solo se necesita envolver el dedo índice con una gasa estéril o una tela muy suave humedecida con agua potable o previamente hervida y ya fría. Luego, con movimientos delicados, se limpian las encías, la lengua y la parte interna de las mejillas. Este momento debe realizarse con mucha suavidad, convirtiéndose incluso en un espacio de conexión y ternura entre padres e hijos.
Con el paso de los meses, muchos padres comienzan a utilizar el dedil de silicona. Generalmente puede introducirse alrededor de los 2 o 3 meses de edad, cuando el bebé tolera mejor el contacto oral y comienza a llevarse las manos a la boca. Además de ayudar con la higiene, el dedil masajea las encías y suele brindar alivio cuando empiezan las molestias de la erupción dentaria.
Otra alternativa utilizada actualmente son las toallitas o wipes de higiene oral infantil. Estas pueden emplearse desde recién nacido, siempre que estén diseñadas específicamente para bebés y no contengan alcohol ni ingredientes irritantes. Resultan prácticas fuera de casa o durante viajes, aunque muchos odontopediatras continúan prefiriendo la gasa húmeda como método inicial por ser más natural y delicado en las primeras semanas.
Cuando aparece el primer diente, generalmente alrededor de los cuatro meses, debe iniciarse el cepillado con un cepillo infantil ultra suave y una cantidad mínima de pasta dental fluorada indicada para la edad, equivalente a un granito de arroz.
Es importante recordar que en esta etapa no deben utilizarse remedios caseros dentro de la boca del bebé, como miel, bicarbonato, limón o enjuagues bucales. La higiene oral del recién nacido debe ser sencilla, segura y con la delicadeza de sus tejidos.
También se recomienda evitar que el bebé permanezca dormido constantemente con el biberón en la boca y no compartir cucharas ni limpiar chupones con la boca de los adultos, ya que esto favorece la transmisión de bacterias.
Más allá de prevenir futuras enfermedades, la higiene oral temprana ayuda a crear hábitos saludables desde el inicio de la vida. Son pequeños gestos diarios que representan cuidado, prevención y amor.
Una sonrisa sana no comienza cuando aparece el primer diente, sino desde la gestación y los primeros días en brazos de mamá y papá.
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